Los elefantes marinos machos llegan a la región en agosto para ubicarse a lo largo de toda la costa de Península de Valdés, desde Punta Norte hasta Punta Delgada. Apenas llegados, delimitan su territorio al cual ningún otro macho podrá acceder.
Si este sector no se respeta, comienzan las cruentas luchas y los grandes enfrentamientos para defender los límites.
Estos machos deben quedarse un mes a la espera de las hembras y no pueden dejar la porción de costa que marcaron porque, si se fueran al mar, su lugar podría ser ocupado por otro macho.
Las hembras llegan preñadas del año anterior. El lugar presenta un ecosistema óptimo para que cada hembra dé a luz a un cachorro por año.
Ellas amamantarán a su cría 30 días y después serán nuevamente fecundadas por el macho. De esta manera, pasan toda su vida en gestación.
En Península Valdés sólo se puede ver a los elefantes hasta fines de noviembre ya que, luego de los incansables 3 meses que viven en la región, vuelven a las Islas Malvinas, Georgias, Orcadas y Sándwich del sur, donde pasan el resto del año.
En términos generales, se alimentan de vertebrados como peces, aves marinas y mamíferos marinos e invertebrados como cefalópodos y crustáceos.
Pueden alimentarse hasta profundidades de 1500 m, y alejarse hasta una distancia, de 500 km de la costa.